Aragón necesita reforzar la presencia de enfermeras en residencias ante el aumento de la dependencia

La presión asistencial, el envejecimiento y la ausencia de una ratio específica de enfermería agravan la atención a los mayores.

El envejecimiento de la población, el aumento de la esperanza de vida y las altas tasas de dependencia en España han incrementado la demanda de plazas en centros de atención a personas mayores. En este contexto, las residencias deberán adaptarse a un perfil de residente cada vez más dependiente y con mayor prevalencia de comorbilidades y enfermedades neurodegenerativas.

En Aragón, los efectos del envejecimiento poblacional y de la dependencia son especialmente visibles. Las proyecciones demográficas apuntan a que la proporción de personas mayores en la comunidad aumentará aproximadamente cinco puntos porcentuales de aquí a 2037.

La mayoría de los residentes en estos centros en Aragón son personas con alta dependencia, cuyo deterioro físico y/o cognitivo les impide envejecer en su domicilio. El modelo residencial predominante está formado por centros privados con una capacidad media de 70 camas. En la actualidad, el 89% de las plazas disponibles está ocupado, principalmente por mujeres mayores de 80 años y con alta dependencia.

La situación es especialmente significativa en la provincia de Teruel, donde la proporción de personas mayores de 65 años alcanza el 24,65%, por encima del resto de provincias, y la de mayores de 80 años se sitúa en el 8,45%. Teruel cuenta con alrededor de 36 centros residenciales que ofrecen 2.886 plazas de larga estancia y 316 plazas de centro de vida asistida.

Según estadísticas del IMSERSO en Aragón:

– el 35,2% de los residentes tiene un grado III de dependencia y el 34,7%, un grado I-II;

– el 66,4% de los usuarios son mujeres y el 77,7% tiene más de 80 años.

En cuanto al personal que trabaja en los centros, el 88,1% son mujeres. La plantilla se distribuye del siguiente modo:

– personal de atención directa de primer nivel: personal técnico cuidador, auxiliar o gerocultor, que actúa directamente con los residentes para apoyarles en las actividades de la vida diaria. Representa el 60,6% de la plantilla;

– personal de atención directa de segundo nivel: profesionales, generalmente del ámbito sanitario y social, con titulación universitaria o equivalente, que desempeñan funciones de atención sanitaria, evaluación sociosanitaria, terapias funcionales y rehabilitación. Suponen el 17,2%;

– personal de atención indirecta: trabajadores necesarios para el correcto funcionamiento del centro que no intervienen directamente en los cuidados básicos o sanitarios y realizan funciones de limpieza, cocina, mantenimiento, administración o dirección. Representan el 22,2%.

En conjunto, las ratios de personal varían desde 31 trabajadores por cada 100 residentes en los centros de titularidad y gestión privada hasta 46 por cada 100 residentes en los de titularidad y gestión pública, sin especificar el tipo de profesional.

Según el Instituto Español de Investigación Enfermera, la presencia de enfermeras en residencias es necesaria por el perfil de fragilidad, pluripatología, comorbilidad y alta dependencia de los residentes. Se trata de personas con un alto nivel de complejidad, que exigen atención clínica continuada, valoración profesional constante, prevención de efectos adversos y una mayor coordinación entre los sistemas sanitario y social. La evidencia disponible apunta a que una mayor dotación de enfermeras reduce complicaciones y efectos adversos, disminuye las úlceras por presión y las caídas, limita el uso de sujeciones físicas y antipsicóticos, reduce las hospitalizaciones urgentes y mejora la coordinación con atención primaria y hospitales.

La presidenta de la Sociedad Española de Enfermería Geriátrica y Gerontológica sitúa el foco en la necesidad de potenciar el papel de la enfermera especialista en geriatría para mejorar la atención a las personas mayores. Recuerda que, aunque el Ministerio reconoció la especialidad y se habla cada vez más de geriatría, no hay datos exactos sobre cuántas enfermeras trabajan en residencias de mayores en España. Además, advierte de que persiste una tendencia a atribuir funciones a profesionales que no cuentan con las competencias específicas de enfermería.

Ante esta situación, resulta necesario modificar el marco normativo para garantizar la presencia de enfermeras en los centros residenciales y abordar los factores estructurales asociados a la escasez de profesionales disponibles para trabajar en ellos, como la sobrecarga asistencial, las peores condiciones laborales o la falta de reconocimiento. Según un informe elaborado por SATSE, el 75,2% de las enfermeras que trabajan en centros gerontológicos residenciales delega funciones y competencias propias en personal gerocultor debido a la ausencia de enfermeras en todos los turnos.

Los centros residenciales forman parte del ámbito de los servicios sociales de atención a personas mayores y/o en situación de dependencia. Son las administraciones públicas competentes las que establecen los requisitos de personal necesarios para autorizar su funcionamiento y las ratios mínimas según las diferentes categorías profesionales. Estas ratios son de obligado cumplimiento para los centros autorizados.

Dado que las competencias en la regulación de los servicios sociales están transferidas a las comunidades autónomas, cada región dispone de su propia normativa. El resultado es una notable heterogeneidad territorial en España en lo relativo a las ratios mínimas de personal de enfermería exigidas en los centros residenciales

La Resolución de 28 de julio de 2022 publicó el Acuerdo del Consejo Territorial de Servicios Sociales y del Sistema para la Autonomía y Atención a la Dependencia sobre criterios comunes de acreditación y calidad de los centros y servicios. El texto contempla una ratio exigible de 0,43 en personal de atención directa, con un aumento progresivo hasta 0,51 en 2029, aunque no especifica si se trata de primer o segundo nivel, ni establece una ratio concreta de enfermeras.

En Aragón, el Pliego de Prescripciones Técnicas del contrato de servicios mediante Acuerdo Marco de plazas en centros residenciales para personas mayores en situación de dependencia, elaborado en 2023, señala en el apartado de apoyos técnicos sanitarios que la atención sanitaria se prestará de forma complementaria y en coordinación con el sistema sanitario público de salud, pero no especifica si se exige la presencia de enfermera en los centros.

Actualmente la regulación básica de los centros en Aragón se rige por el Decreto 111/1992. Esta norma no fija de forma literal una ratio cerrada de enfermeras por número de plazas, sino que establece ratios genéricas de 0,30 para residencias de válidos y 0,35 para residencias de asistidos.

La falta de enfermeras en las residencias de mayores pone en riesgo la salud de las personas mayores y limita su calidad de vida en una etapa especialmente vulnerable. Así lo recoge el informe elaborado por el Consejo General de Enfermería y el Instituto Español de Investigación Enfermera, con el aval de la Sociedad Española de Enfermería Geriátrica y Gerontológica.

La evidencia internacional indica que los modelos con mayor dotación de personal cualificado, especialmente de enfermería, y con una mayor integración sociosanitaria se asocian a menor mortalidad, menos hospitalizaciones no planificadas y mejor calidad de vida para los residentes.

Por todo ello, desde el Consejo General de Enfermería se reclama una regulación específica de la presencia de enfermeras en los centros residenciales, así como medidas para abordar las causas que dificultan el reclutamiento en este sector, desarrollar mecanismos que aseguren la autorización, el uso y la dispensación del medicamento, reforzar la coordinación sociosanitaria, evitar el intrusismo y equiparar las condiciones laborales.